lunes, 4 de febrero de 2013

Las Razones por las que nos ponemos a escribir.


Hay muchas 


John Gardner es un escritor norteamericano, mucho más conocido como crítico y, sobre todo como profesor de literatura creativa, tema sobre el que ha publicado varios libros.
Sin duda es cierto que lo que salva al escritor la mitad de las veces es la locura que reina en su corrillo. Parte de quiénes lo componen son necios:... jóvenes inocentes que todavía no han pasado por la experiencia de valorar ninguna otra cosa que no sea escribir, y fanáticos que, tras haber sopesado otras posibilidades, han llegado a la conclusión de que escribir es lo único que merece la pena hacer con el cerebro. Otros son escritores natos: gente que valora otras actividades, pero que no tiene deseos de hacer otra cosa que no sea escribir.
En todo grupo de escritores hay algunos que están por esnobismo: escribir o simplemente tratarse con quiénes escriben les hace sentirse superiores. Otros están (a pesar de su tal vez escaso talento), porque creen que ser escritor es romántico. Sean cuáles fueren las razones de cada uno de esos subgrupos, juntos forman un grupo que ayuda al joven escritor a olvidar sus dudas. Independientemente de la calidad del profesor, el joven escritor puede estar seguro de que todos los antes mencionados, prestarán mucha atención a lo que haga. El joven escritor escribe, se siente inseguro respecto a lo que ha hecho y recibe elogios o, como mínimo, críticas constructivas -o incluso destructivas- pero al menos provienen de gente que tiene el mismo interés en escribir que él.
(...) Así pues, la primera ventaja de los talleres de literatura es que en ellos el escritor no sólo deja de creerse anormal, sino que se siente virtuoso. En un grupo compuesto exclusivamente por escritores, casi no se habla de nada más que de escribir. Hablar de literatura, aunque los contertulios sean mediocres, produce emoción. Te olvidas de que no te consideras bueno y te entran ganas de abandonar la reunión y de volver a casa para escribir. Y es el mero acto de escribir, más que ninguna otra cosa, lo que hace al escritor.
Por el contrario, el escritor que evita asistir a los talleres de literatura (o cualquier otra actividad que congregue escritores) probablemente añade dificultades a su tarea. Es fácil dejarse engañar por la leyenda de, pongamos, Jack London, e imaginarse que la mejor manera de hacerse escritor es siendo marino o leñador. Jack London vivió en una época en que los escritores eran héroes populares, cosa que no son ahora, y en la que la técnica no era tan importante como lo es actualmente. Y si bien no hay duda de que fue un hombre noble y trágico, también es cierto que era más bien malo como escritor. Unos cuantos buenos profesores le hubieran venido muy bien. Hemingway dijo en cierta ocasión que "la manera de hacerse escritor es lanzarse al mundo y escribir". Pero resulta que su manera de hacerlo fue irse a Paris, donde vivían muchos de los grandes escritores, y estudiar con la teórica más importante de su época: Gertrude Stein. Casi todos los grande escritores han estado relacionados con un "grupo" o "dinastía literaria". Así pues, por razones psicológicas, si no por otras, hasta un mal taller sirve para algo.

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