jueves, 28 de junio de 2012

La Vida de un Escritor: Gay Talese


Cómo es la vida de un escritor según Gay Talese

 
 
 
 
 
 
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Tomado de masguau.com
“Con frecuencia, escribir es como conducir un camión por la noche sin luces, perderse en medio de la carretera y pasar una década en una zanja”, dice el padre del Nuevo Periodismo.
Esta obra por fin traducida al español gracias a editorial Aguilar (Colombia) , la autobiografía del reportero de reporteros, fue publicada en los Estados Unidos por primera vez en el 2006 bajo el título A Writer’s Life.
Según The Washington Post Book World, el tono de Vida de un escritor, la autobiografía de Gay Talese – sí: el padre del Nuevo Periodismo, el reportero de reporteros, el hombre que cambió la forma de escribir y describir, el aclamado autor de Frank Sinatra está resfriado – “es como si Homero lo invitara a uno a tomarse un martini en un cómodo bar y luego le dijera: ‘Déjame contarte sobre mi vida, pero primero empecemos con Aquiles’. La eficacia de esta aproximación produce un texto excelente y delicioso de leer… Es como si detrás de los elegantes e impecables trajes a la medida de Talese hubiese un corazón voraz de esponja, que absorbe el mundo y lo va exprimiendo luego a cuentagotas, a través de los años”.
Puede empezar a leer sus primeras confesiones:
-No soy, y nunca he sido, amante del fútbol. Probablemen­te esto se debe en parte a mi edad y al hecho de que cuando era un jovencito en la costa sur de Nueva Jersey, hace medio siglo, ese deporte era prácticamente desconocido para los nor­teamericanos, excepto para aquellos que habían nacido en el extranjero. Y aunque mi padre había nacido en el extranjero —era un distinguido pero discreto sastre venido de un puebli­to calabrés del sur de Italia, que se convirtió en ciudadano de Estados Unidos a mediados de los años veinte—, las referencias sobre el fútbol que me pasó estaban asociadas a sus conflictos de infancia con ese deporte y a su deseo de jugar al fútbol en las tardes con sus compañeros de escuela en un patio italiano y no limitarse a verlos jugar, mientras cosía sentado junto a la ventana trasera de un taller en donde trabajaba de aprendiz; sin embargo, él, mi padre, sabía incluso en esa época, como no dejaba de recordármelo, que esos jóvenes jugadores (entre los que se encontraban sus hermanos y primos menos juicio­sos) estaban perdiendo su tiempo y desperdiciando su futuro pateando el balón de aquí para allá, cuando deberían estar aprendiendo un oficio valioso y pensando en el alto costo de conseguir un pasaje en busca de la prosperidad en Estados Unidos. Pero no, continuaba advirtiéndome mi padre con su incansable retahíla: igual, ellos siguieron jugando al fútbol todas las tardes en el patio tal y como después continuaron haciéndolo tras la alambrada del campo de prisioneros de guerra de los Aliados en el norte del África, campo al cual fueron en­viados (los que no murieron asesinados o quedaron inválidos después de un combate), luego de su rendición en 1942 como miembros de la infantería del ejército derrotado de Mussolini. A veces le enviaban cartas a mi padre en las que describían su cautiverio. Un día, cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, mi padre puso el correo a un lado y me dijo, con un tono que prefiero creer expresaba antes tristeza que sarcasmo: «¡Aún siguen jugando al fútbol!».
Gay Talese nació en Ocean City, Nueva Jersey, y actualmente vive en la ciudad de Nueva York. Es autor de once best sellers y reconocido internacionalmente por su trayectoria como reportero en medios tan importantes como The New York Times, Esquire, Times y The New Yorker. Dentro de sus obras más destacadas se encuentran The Bridge (1964), El reino y el poder (1969), Honrarás a tu padre (1971), La mujer de tu prójimo (1981), Unto the Sons (1992), y Vida de un escritor (2006).
The Gay Talese Reader es una de sus obras más representativas: está constituida por textos de no ficción que el periodista escribió para distintas revistas en distintos momentos. La antología fue traducida al español por editorial Aguilar bajo el nombre Retratos y encuentros e incluye Orígenes de un escritor de no ficción y Frank Sinatra está resfriado, aclamada por la revista Esquire en 2003 como “la mejor historia jamás publicada en Esquire”.

domingo, 24 de junio de 2012

Alex Rovira areas de mejora


  • Alex Rovira: 'Esto no es una crisis, es una estafa profunda'

    24 JUN 2012 | JOSÉ MARÍA OLMO
  • Entró en el mundo editorial al comienzo del siglo con un auténtico pelotazo, La buena suerte, un libro ubicado en el género de la autoayuda que lideró durante semanas las listas de ventas y ha sido traducido a más de 40 idiomas. Desde entonces, Álex Rovira (Barcelona, 1969), ha escrito 11 obras entre relatos, novelas y textos de aprendizaje, y se ha convertido en uno de los conferenciantes más solicitados por empresas e instituciones, en un tiempo en el que la sociedad está sedienta de perspectivas de la realidad opuestas a las que funestamente han acabado monopolizando todas las conversaciones. Se define como un idealista empeñado en cambiar el rumbo que llevan las cosas materiales. Aspira a corregir las fallas morales que nos han hundido en la crisis, y vaga por el mundo enumerando sus hallazgos ante quien quiera escucharle. Una de sus últimas charlas la ofreció en Madrid hace unos días en El Garaje de Budget, una iniciativa de la firma de alquiler de automóviles para fomentar la iniciativa empresarial en España. Todo un mérito en los tiempos que corren.
    -En sus libros habla de emprender. ¿Emprender ahora? ¿Lo dice en serio?
    -Es algo muy necesario. Si algo puede darle la vuelta a la situación de este país es la cultura emprendedora. Ya que no hay ofertas de trabajo en este país, ni en el sector público ni en el privado, es necesario que haya personas que estén preparadas en el plano teórico y en el práctico para llevar adelante sus iniciativas. El objetivo es animar, educar, unir, cooperar.
    -Todo el mundo habla de la crisis pero a usted le va genial escribiendo libros muy optimistas.
    ¿La gente en el fondo quiere que le digan que las cosas no van tan mal?
    -A mí me ha ido bien cuando las cosas iban bien y evidentemente también noto la situación actual. Pero lo que yo hago no es sólo dar charlas o escribir libros sobre optimismo. Lo que yo hago es dar información sobre la situación económica mundial, ofrecer indicadores, contar dónde estamos, plantear la existencia de nuevos sectores emergentes... Yo no soy sólo optimismo. Intento transmitir psiconomía: psicología y economía trenzadas. La situación es la que es y soy muy crítico con lo que hay, pero si todos los medios de comunicación están continuamente informando con datos que de alguna manera anticipan la tragedia, como por ejemplo que hay un problema en Bankia y con la prima de riesgo, es necesario que alguien a la vez ofrezca noticias diferentes. Que diga que las exportaciones están creciendo, que hay países y sectores que están emergiendo... Que se muestre el otro lado de la moneda, porque si no, la gente sale hecha polvo. Se está generando mucho sufrimiento en la gente.
    -Complete los puntos suspensivos en las dos siguientes frases. La primera: "Usted, cuando era un adolescente, pensaba que los libros de autoayuda eran...".
    -Pensaba que había de todo tipo. Que había libros maravillosos, como el de Viktor E. Frankl, El hombre en busca de sentido, y de muchos otros autores, y que había otros que eran refritos de refritos, como ocurre en cualquier género.
    -Así que usted, cuando se hizo mayor...
    -Decidí que había que hacer libros de otra manera. Nunca me he pensado a mí mismo como un autor de autoayuda. Es más, en algunos países tienen mis libros en las secciones de gestión, de cuentos, de narrativa... Lo de la autoayuda es algo que en España algún periodista me ha colgado y que puede perfectamente ser apto para libros como La buena suerte, que está en un terreno inspiracional, pero yo he tocado muchos géneros. Tampoco me importa que se me califique de autor de autoayuda. Al final, lo que intento cuando escribo es trasladar un mensaje. Mi próximo libro es técnicamente empresarial.
    -Valdano dijo una vez que el fútbol es un estado de ánimo. ¿La economía también lo es?
    -La psicología crea la economía. Esta crisis es el resultado de comprar con un dinero que no teníamos cosas que no necesitábamos para impresionar a quienes no conocíamos o nos caían bien, avalándolo con activos que no valían lo que costaban, en un sistema financiero no regulado y muy mal gestionado políticamente. La psicología ha creado la economía. Malas actitudes, malos principios, malos valores han creado una economía nefasta. La economía es mucho más que un estado de ánimo.
    -El problema entonces, más que de los bancos o de la reforma laboral, por ejemplo, ¿es de valores?
    -Es que sin valores no puede haber valor. Esta crisis no es una crisis, es una estafa. Es una estafa profunda y los ladrones de guante blanco que la han propiciado continúan asesorando a Barack Obama y siguen en órganos de gestión financieros y políticos.
    -¿Qué le parece el sentimiento de la indignación?
    -Ya lo dice la palabra: la indignación es la negación de la dignidad. Me parece una reacción naturalísima de la gente. Ojalá no perdamos el espíritu de esta gente joven, que está denunciando que el rey está desnudo. Otra cosa es que la indignación tiene que convertirse en un compromiso, que tiene que traducirse en acciones legislativas concretas que pongan coto al robo rampante y la injusticia social. De eso también hablo en mis libros, por cierto, y eso no es autoayuda. La indignación es positiva pero tiene que trasladarse a acciones concretas, a lo micro y a lo macro.
    -¿Cuándo cree que empezamos a hacer mal las cosas?
    -Es muy difícil de decir. La humanidad tiene un mal endémico, que es la inconsciencia, y del cual sólo se recupera a golpes. Hay personas que abusan de la confianza de la buena gente. Mientras que prevalezcan los paraísos fiscales y no se ponga coto a la sinvergonzonería que impera en algunos modelos de gestión política y financiera, no saldremos de la crisis.
    -Resumiendo, desde el pecado original.
    -Efectivamente, pero tenemos unas cosas maravillosas que se llaman ley y justicia que bien aplicadas tendrían que poner límites a la ignominia. El problema es que no están actuando.
    -¿La crisis cambiará la forma de pensar de la gente? Da la sensación de que, en el caso de que salgamos de ella, será sin demasiadas variaciones.
    -No me atrevo nunca a generalizar. Habrá personas que saldrán peor, que habrán delinquido y cuando todo termine seguirán delinquiendo. Por eso es un robo y una estafa. Habrá otros que saldrán iguales. Y otros estamos reflexionando y nos estamos cuestionando que no queremos vivir en un mundo igual, estamos haciendo cosas. Habrá de todo. Para que cambien los valores hace falta intervenir en la educación y en la cultura, cuyos cambios no se ven en dos o tres años. Requiere generaciones. Y en España tenemos mucho que hacer. Un fracaso escolar del 35% o que Belén Esteban pueda ser la tercera fuerza política de este país o que se carguen a un canal de noticias para poner Gran Hermano 24 horas dice muy poco de nuestro sistema educativo.
    -¿La crisis es mundial o sólo es una nube que está sobre la cabeza de Europa y, sobre todo, encima de España?
    -Claro que no es mundial. En México están creciendo. En Estados Unidos el ánimo es otro. En Turquía van genial y en Japón han estado peor en otras ocasiones. En Corea del Sur se salen. En Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca van bien. En Alemania, no digamos. Les están comprando la deuda al 0%. Aquí hemos hecho las cosas fatal, muy mal. Las cajas han dado créditos a fuerzas políticas de todo signo y avales para construir infraestructuras vacías, con los que devolver luego favores... Se ha podrido todo. Lo que tenía que estar al servicio del ciudadano se ha puesto al servicio del poder. Hemos hundido el sistema con una gestión nefasta.
    -¿En qué país hay que fijarse?
    -En las socialdemocracias del norte de Europa.
    -Por ahí fuera, ¿qué le dicen de España?
    -Que no entienden que siendo tan buena gente nos hayamos metido en un percal como este.
    -Imagine que tiene delante a una mujer de 55 años con dos hijos a la que acaban de despedir. ¿Qué le diría?
    -No le diría nada. La escucharía y si realmente estuviera en mi mano poder ayudarla financiera o económicamente, lo haría, como lo estoy haciendo con muchas personas que están en riesgo de exclusión social. Pero es indecente dar una respuesta genérica a una situación dramática tan concreta.
    -Elija una opción. Si la alegría pudiera venderse: a) España tendría que importarla. b) No estaríamos en crisis. c) Usted sería ministro.
    - b) España no estaría en crisis. Me gusta esa posibilidad. Pero la tendríamos que convocar.
    -Porque usted, ministro...
    -Ni de coña. Hay muchas maneras de hacer política. Ministro viene de minister, el que se ocupa de las cosas menores, y maestro viene de magister, el que se ocupa de las cosas mayores. Los clásicos decían que los maestros, los profesores a los que ahora les están recortando los salarios se ocupaban de cultivar el alma de la gente, y el ministro tenía que encargarse de los bienes materiales, que era lo menor y lo menos importante. Hay que generar muy buenos maestros. Y este país puede salir de la crisis, porque tenemos muy buena gente y una tierra maravillosa. Pero, por favor, señores miembros del Gobierno, compartan una visión ilusionante del país. Si España hoy tiene a Rafa Nadal, a Pau Gasol, a la Selección Española de Fútbol... es porque hace 30 años había un señor que se llamaba Juan Antonio Samaranch que repetía una y otra vez: "Practica el deporte, contamos contigo". Generen un proyecto ilusionante de país, un plan estratégico. Háganlo, por favor.

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