Pero si alguna vez escribe, sembrará sus conocimientos en los
jardines de la escritura para divertirse; y formará un tesoro de recuerdos para sí mismo,
para que cuando llegue la edad en que se resienta la memoria –y lo mismo para todos los
demás que lleguen a la vejez– pueda regocijarse viendo crecer estas tiernas plantas. Y
mientras los demás hombres se entregan a otras diversiones, pasando su vida en orgías y
placeres semejantes, él recreará la suya con la ocupación de que acabo de hablar.
Platón, Fedro, 274c-277
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